Ha pasado una semana desde la tragedia de Bajo Llojeta y con la cabeza más fría, aunque con el infinito dolor por la pérdida, absurda e injusta de Camila, una niña de apenas cinco años, es necesario exigir de una vez por todas que se concluya la labor de delimitación intermunicipal en todo el territorio nacional, pese a quien pese y duela a quien duela.

La futura ley de demarcación estricta de límites municipales debe ir acompañada de la colocación de hitos que sean imposibles de remover para evitar los problemas que tanto pesar han causado hasta el momento porque en su momento, las autoridades nacionales no han cumplido a tiempo sus obligaciones y dejaron, probablemente en espera de que mejoren las condiciones políticas para encarar una tarea tan importante.

Otra de las condiciones que debe reunir la futura normativa que definirá la división política del país es la obligación de que cuando se deba, por cualquier motivo, hacer movimientos de tierras, obras civiles o cualquier tipo de trabajo, autoridades y técnicos de los municipios involucrados deben dar su plena conformidad.

Este vacío legal ha causado ya muertes, luto y pérdidas cuantiosas. Además, da lugar a que personas inescrupulosas, quienes son vulgarmente conocidas como loteadores clandestinos, generen impunemente pingües ganancias en forma ilegal, indecente y atentatoria contra la colectividad.

Es necesario que la futura ley sancione con severidad esas acciones delictivas con ejemplares penas privativas de libertad.

La tranquilidad pública y el derecho a vivir bien —para emplear un término muy utilizado desde 2005 a la fecha—, principalmente a vivir, sean defendidos como valores destacados de las sociedades en las que los bolivianos no desenvolvemos.

Se debe reprimir, de igual manera, las invasiones a las áreas verdes y de equipamiento que todos los municipios tienen. Es preciso que, por esa misma ley, las administraciones ediles registren en un plazo perentorio ante Derechos Reales la propiedad pública: calles, plazas, parques, áreas de equipamiento para que queden a salvo de la acción de tan peligrosos delincuentes.