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  • Wilma Pérez

El río Beni fue durante generaciones camino, fuente de alimento y refugio para los esse ejja y otros pueblos indígenas que viven a orillas de afluentes en la Amazonia. Hoy es aún indispensable, pero puede llevar un enemigo invisible, el mercurio que se utiliza en la minería aurífera aguas arriba.


En Eyiyoquibo, una comunidad esse ejja asentada a orillas del Beni, la preocupación dejó de ser una advertencia lejana. Un reportaje de Mauricio y Avril Carrasco describe a niños que sufren graves problemas neurológicos y a adultos afectados, en un espacio donde la pesca es esencial para sobrevivir.
“En esta pequeña comunidad golpeada por la desnutrición y el hacinamiento, los adultos mueren prematuramente y una nueva generación nace con daños neurológicos irreversibles”, se afirma en el reportaje.


Una investigación de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), a través del Seladis, estudió a grupos indígenas de las cuencas de los ríos Beni y Madre de Dios y encontró alteraciones en la sangre, afectaciones hepáticas, presión arterial alta, dolores de cabeza, mareos, problemas de sueño y pérdida de la memoria.


El estudio puso especial atención en mujeres en edad reproductiva. El investigador del Seladis, Róger Carvajal, reportó un índice de abortos cercano al 50 por ciento y explicó que el mercurio afecta la reproducción. También se detectó daño genotóxico, alteraciones y rupturas del ADN.


Hace algunos días surgió una nueva alerta. Ruth Alípaz, representante de la Coordinadora Nacional de Defensa de Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas (Contiocap), informó que la organización presentó a las autoridades en salud su preocupación por indicios de posibles efectos compatibles con el síndrome de Minamata y pidió que active el principio de precaución. Demanda investigar, atender y proteger a las comunidades expuestas, sin esperar un diagnóstico.


La organización, a través de un documento público, hizo una precisión: no afirma que haya casos diagnosticados de síndrome de Minamata en Bolivia. Habla de indicios que requieren estudios profundos y serios.


La enfermedad de Minamata es un desorden neurotóxico causado por la ingesta de productos marinos contaminados con compuestos de metilmercurio vertidos desde una planta de la empresa Minamata, Japón.


Bolivia es parte del Convenio de Minamata, documento que demanda refrenar el uso del mercurio, además un fallo judicial, de 2023, que exige al Estado atención médica urgente para las comunidades, expuestas al mercurio, pero la respuesta estatal aún no llega.


El camino del tóxico comienza en las áreas mineras. El mercurio utilizado para amalgamar el oro llega al suelo y al agua y allí puede transformarse en metilmercurio. El compuesto ingresa a la cadena alimentaria y se concentra en peces carnívoros. Las comunidades que dependen de la pesca terminan por incorporarse en su organismo.


En la cuenca del Beni, el estudio encontró hasta 5,5 partes por millón de mercurio en personas, frente al límite de referencia de una parte por millón. La contaminación es mayor entre poblaciones cuya dieta depende casi exclusivamente del pescado, como sucede con los esse ejja.


Ese pedido adquiere otra dimensión frente a Eyiyoquibo. Allí, el río que sostiene la alimentación también puede ser la vía por la que el mercurio llegue al organismo. Un estudio, a mujeres en edad reproductiva , detectó niveles de hasta cinco veces el límite de referencia.  La paradoja es cruel, dejar de comer pescado no es una solución porque es una de sus principales fuentes de proteína. 


Por eso, los investigadores plantean reducir el consumo de especies carnívoras y priorizar peces herbívoros, pero advierten de que la medida no elimina la causa.


La investigación de la UMSA ya no se refiere al agua contaminada. Habla de cuerpos expuestos y de alteraciones que pueden afectar la salud durante años. Y la Contiocap pide que el Estado no espere a que aparezcan más víctimas para actuar.


En la Amazonia, la pregunta dejó de ser cuánto mercurio hay en el río. Ahora también es qué deja ese metal en quienes dependen del río para vivir.