- Sociedad
- Guillermo Nina
Cerca de un puesto de comida rápida de la avenida Tiwanaku, entre las calles 2 y 3 de la ciudad de El Alto, se encuentra doña Lidia, quien se muestra atareada y sin tiempo: sus manos no dejan de moverse mientras revela cómo es el oficio de zapatero. “Antes me dedicaba a vender cosas, pero ya no daba ganancias, por lo que me dediqué a este trabajo de arreglar zapatos”, sostuvo mientras pasaba una aguja con cáñamo por la suela de uno de los zapatos que repara en su puesto.
Una máquina de coser, clavos, clefa y el hilo de cáñamo abundan en ese lugar. “Hace 25 años que me dedico a este oficio, mi esposo era zapatero y a la fuerza aprendí a reparar calzados de vestir y deportivos. Es un trabajo difícil, pero aprendí a la fuerza pues debo ganar dinero”, comentó antes de agregar que los pedidos de reparación bajaron con relación a años anteriores.
“Muchos compran calzados desechables y ya no los hacen reparar, por lo que bajó la demanda”, complementó.
Es una opinión que coincide con la emitida por don Germán Tincuta, quien tiene un puesto similar en la avenida Buenos Aires, de la ciudad de La Paz. “Ya no hay mucho trabajo, sólo vienen los clientes antiguos, porque muchos prefieren comprar zapatillas deportivas chinas, las usan y después las botan”, indicó el hombre, cuyo taller está cubierto por nailon azul. El artesano reveló que se dedica a esta actividades desde hace más de 40 años, desde que era muy joven, por lo que es muy conocido en ese sector urbano paceño. La reparación de cada par de calzados depende de lo maltratado que está. Sus tarifas varían de cinco a 45 bolivianos.
“Si es cambio de suela o planta, el precio varía desde 70 hasta 100 bolivianos, depende de qué material quieren, pero después las reparaciones son baratas”, comentó Tincuta, quien señaló que los calzados de las señoras de pollera son los que más llegan a su puesto. Luego están los deportivos de los niños que casi siempre necesitan costuras, porque se rompen por el trajín.
En tanto, doña Lidia sostuvo que ella cobra desde cinco a 45 bolivianos por su trabajo artesanal. “No cobro mucho, porque la gente tampoco quiere pagar mucho. Una costura cue3sta de cinco a 10 bolivianos, mientras que el cambio de suela cuesta 45”, afirmó mientras recoge un par de calzados para comenzar a repararlo. “No solo reparó zapatos sino también mochilas y lo que haya, porque se debe aprender a hacer de todo. Lo bueno es que siempre hay gente que trae algo para coser y con eso sobrevivimos”, afirmó.
La crisis nacional también afecta a los zapateros, porque los insumos para su actividad se encarecieron. “Por ejemplo, un rollo de hilo de cáñamo costaba 60 bolivianos, pero ahora nos cuesta el doble. Es lo que no entienden nuestros clientes, entonces no podemos cobrar más. El tarro de clefa valìa 20 bolivianos y ahora aumentó en casi la mitad, a veces no conviene hacer reparaciones, pero qué se puede hacer, tenemos que ganar para el pan de cada día”, dijo doña Lidia.
Muchas personas prefieren ordenar la reparación de sus calzados, porque comprar otros les significa un gasto adicional. “Prefiero hacer arreglar, porque me sale más caro comprar otro. Traje un par de botas, me cobró 35 bolivianos por la reparación, si compro otro me costará 400”, sostuvo María Villca, uno de los cientes de la zapatería de don Germán.