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Proviene de una familia de voleibolistas, pero se inclinó por el fútbol. Se formó en el club Olympic y tras dos experiencias en otras entidades nacionales y una española, da sus primeros pasos en la División Profesional. Se trata de André Pavisic, quien tiene grandes sueños, aunque primero espera crecer y consolidarse en la práctica del deporte de su preferencia.


Es hijo de Javier Pavisic, sobrino de José Antonio, Bernardo y Claudia, tres grandes referentes del voleibol como jugadores, entrenadores y dirigentes, y nieto de Roberto Pavisic, toda una institución en el deporte cochabambino y boliviano.


El club Olympic, dirigido por la familia Pavisic, si bien nació como una entidad dedicada al voleibol, también cobija al fútbol y allí André se formó ahí y escaló.


“Yo me incliné por el fútbol desde mis cuatro años, después entré a la Escuela de fútbol de Olympic, pasé a las divisiones menores del club y llegué al primer equipo, en el que jugué no solamente en la Primera A de la Asociación de Fútbol de Cochabamba, sino también la Copa Simón Bolívar en 2025”, rememoró.


En la Escuela de fútbol de Olympic tuvo como entrenadores a Danilo Eterovic, al paraguayo Roberto Pérez, al uruguayo Willington Ortíz y a Igor Ovando, quienes le dieron enseñanzas.


La Copa Simón Bolívar le aportó un roce importante, torneo nacional en el que fue de menos a más. “En la fase regional tuve algunas actuaciones, pero en la segunda fase y en los octavos de final tuve continuidad. Lastimosamente nos eliminamos en octavos a manos de CD Nueva Santa Cruz Academia FC”, comentó. En 2024 estuvo en la reserva de Always Ready, club en el que tuvo como entrenador a Julio Quinteros. Dijo que su estadía fue grata y le permitió avanzar en su proceso de formación deportiva.


El año pasado tuvo una grata experiencia en España. “Viajé con mi papá, realicé pruebas en diferentes equipos y me quedé en Rayo Vallecano, que es un club muy organizado y con mucho orden”, señaló.


De esa entidad ibérica destaca “la seriedad y apoyo con la que se maneja, cuenta con canchas, material y entrenadores adecuados”.


“Estar lejos de la familia fue difícil, viví en una residencia, pero me dí integro en los seis meses que estuve. La diferencia con el fútbol boliviano es la disciplina, la exigencia que se tiene y el nivel competitivo”, indicó.


Ahora tiene su primera experiencia en la División Profesional del fútbol boliviano, desde finales de junio es integrante del orureño Gualberto Villarroel-SJ, entidad que lo acogió cuando Julio César Baldivieso oficiaba como director técnico.


“Ingresé al club gracias a él, pero después pasaron varios entrenadores por el equipo y hay que adaptarse, aceptar los cambios y trabajar, pese a la difícil situación económica que enfrenta el equipo”, manifestó.


Tiene 19 años y se desempeña como mediocampista. Hasta el momento, en el equipo orureño, jugó dos partidos y aguarda nuevas oportunidades.


Atrás quedaron los 20 días de paro del equipo por las deudas de sueldos, aunque todavía persiste la grave crisis económica en el club.


“Fueron días complicados cuando hubo el paro. Íbamos a la cancha, era dialogar y ver lo que pasaba. Cuando volvimos a entrenarnos costó, recuperar estado físico y ritmo, pero ahora estamos enfocados en salvar el descenso”, señaló el jugador juvenil.


En lo personal sostiene que está contento por formar parte de un club de la División Profesional.
Sostiene que en este momento lo más importante es crecer futbolísticamente y mejorar sus habilidades para consolidarse.