- Sociedad
- Wilma Pérez
“Nací para ser médico oftalmólogo, no hay duda”. Con ese concepto, Joel Moya Saldías resume la vocación que le da verdadero sentido a su profesión, lejos de los consultorios y cerca de las personas que tienen problemas con la vista. Durante más de cuatro décadas, el especialista convirtió la prevención de la ceguera en una misión de servicio que lo llevó a recorrer Bolivia y atender a quienes no podían pagar una consulta, unos lentes, una cirugía o un tratamiento.
Su historia no se mide únicamente por los procedimientos médicos que realizó. También se encuentra en las oportunidades que tuvieron quienes volvieron a ver y en la convicción de que la pobreza no debe convertirse en una condena de ceguera definitiva.
En un documento que recoge su trayectoria, Moya registra más de 150 mil cirugías oftalmológicas gratuitas, más de 2.500 actividades en el país y alrededor de cinco millones de consultas. A esos resultados suma la entrega de 40 mil lentes reciclados, además de medicamentos e insumos donados por instituciones solidarias.
La formación de Moya incluyó una especialización en oftalmología y un doctorado en el Hospital Federal de Minas Gerais, de Belo Horizonte, Brasil.
Sin embargo, al retornar a Bolivia, no encontró trabajo en un instituto u hospital. Pero, una oportunidad inesperada lo llevó a asumir un cargo vinculado con las personas ciegas.
Esa experiencia cambió su manera de entender la medicina. “Con ellos pude identificar valores y hacer un buen trabajo, me terminaron de formar profesional, espiritual y moralmente», recordó.
El contacto con esa población le permitió comprender las dificultades que afrontan las personas que pierden la visión y la responsabilidad que implica ejercer la oftalmología más allá del diagnóstico y el tratamiento específico.
En 1993 publicó El ciego y la ceguera en Bolivia, una obra orientada a la rehabilitación funcional y profesional de las personas ciegas. En 2002 presentó Enfoque evolutivo de la historia de la oftalmología en Bolivia, una investigación que contribuyó a su trayectoria como estudioso de la especialidad.
Pero su compromiso no quedó en los libros. Impulsó campañas con los profesionales del Instituto Nacional de Oftalmología y otras organizaciones e instituciones. Las alianzas permitieron reunir equipos médicos, insumos y transporte para llegar a poblaciones donde el acceso a la atención especializada resulta limitado.
Una de las primeras iniciativas incluyó la entrega gratuita de 100 lentes intraoculares donados, destinados a una campaña de cirugías de catarata, que se realizó en Oruro. Después, los especialistas llegaron a realizar cirugías gratuitas a San Borja, El Alto, Coroico, Potosí, Cobija, Rurrenabaque y otras localidades del país. En algunos casos, la Fuerza Aérea le prestó ayuda.