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  • Armin Copa

El pontífice encabezó este Viernes Santo la solemne ceremonia que recuerda el martirio de Jesús de Nazaret en la basílica de San Pedro. Al inicio del acto litúrgico, el obispo de Roma recuperó la antigua costumbre de recostarse por completo sobre una alfombra frente al Altar de la Confesión para realizar sus plegarias. Su antecesor suspendió este gesto físico en sus últimos años de vida debido a severas complicaciones en su movilidad.

Este acto religioso representa uno de los momentos más importantes del calendario católico y posee la particularidad de que no se efectúa la consagración del pan y el vino debido al luto eclesiástico, aunque los asistentes sí acceden a la comunión. Después del momento de silencio y la lectura bíblica correspondiente al relato de San Juan, el sacerdote capuchino Roberto Pasolini asumió el rol de orador para dirigir la homilía ante los diplomáticos y la comunidad religiosa.

Para finalizar las actividades de la jornada conmemorativa, el programa del Vaticano contempla la realización del tradicional viacrucis en las inmediaciones del Coliseo romano durante la noche. Miles de devotos presenciaron el evento dentro del templo mayor de la Iglesia católica en un clima de profunda reflexión.