- Política
- Susana Salinas
En la Asamblea continúa la incertidumbre en torno a las directivas camarales para el periodo 2026-27. La fragmentación de las bancadas y las graves acusaciones de corrupción empantanan la elección de las nuevas autoridades.
A pocas semanas del cambio de gestión, ninguna fuerza política posee la mayoría necesaria para asegurar el control de las cámaras. La pugna en la alianza Libre paraliza las postulaciones debido a la existencia de dos jefaturas paralelas en Diputados. Lissa Claros, jefa del bloque de Jorge Tuto Quiroga, desconoció a sus rivales e inició procesos disciplinarios.
Por su parte, el disidente Rafael López rechazó las críticas. “Que se querellen contra mí por todo lo que acusan, son solamente calumnias”, desafió López, quien instó a sus adversarios a acudir a instancias penales. El quiebre sumó el martes la reacción de Branko Marinkovic, quien criticó a la facción de Quiroga por realizar su elección “entre gallos y medianoche” y excluyó a varios senadores.
A esto se suma la crisis del oficialista Partido Demócrata Cristiano (PDC). El sector tradicional impugnó la reelección de Roberto Castro luego de denunciar el uso de prebendas institucionales para coaccionar el voto. Un exdiputado denunció ayer la entrega ilícita de computadoras portátiles y celulares desde la Presidencia de la Cámara Baja. “No es con la plata de Roberto Castro, es con la plata de los bolivianos”, sentenció el denunciante al exigir una fiscalización de viáticos y pasajes.
Ante esta parálisis, varios legisladores independientes advirtieron ayer de que el empantanamiento trabará de forma indefinida la agenda fiscalizadora y los debates económicos urgentes.
La falta de consensos internos en las principales fuerzas políticas del país amenaza con dejar acéfalos los comités y comisiones parlamentarias antes de la próxima legislatura, un escenario que provocará un vacío de poder administrativo en el manejo de ambas cámaras. No obstante, aún se espera la unidad.