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  • Guillermo Nina

26/1/2026.- Una ingeniosa caja de madera, que tiene sobre sí misma un realce para apoyar el zapato, las latas de betunes (cremas para lustrar), cepillos, tintes y trapos están sobre la acera de la Iglesia de San Francisco, en la ciudad de La Paz. 

“Le lustro, le lustro” se escucha en medio de cientos de personas que pasan por el lugar, pocos toman el servicio: “ya no es como antes. Son pocas las personas que se hacen lustrar los zapatos, por lo que tenemos que buscar otras actividades y ganar unos pesitos para llevar a nuestras familias el pan de cada día”, dijo Ramiro Huanca, un lustrabotas de la urbe paceña.

Estas personas conocidas como lustrabotas, lustracachos o lustracalzados coinciden en señalar que este oficio está en extinción, porque en el mercado laboral es muy escaza su demanda. “Los lunes y hasta el miércoles hay movimiento, pero después no, es como cuenta gota, se gana poco”, comentó Huanca, quien lleva años en este oficio. 

Una opinión que es compartida por Sabino Orellana, quien tiene su sillón de manera en el atrio del Palacio Consistorial de la Alcaldía de La Paz: “solo vengo dos o tres días (de 09.00 hasta las 12.00), para mantener mi puesto sino me pueden quitar”, argumentó.

Orellana contó que, en años anteriores, los concejales, autoridades municipales y el público siempre se hacía lustrar sus zapatos, pero hoy ya no es lo mismo. “La mayoría ya utiliza tenis (sonríe) y eso nos afectó. Recuerdo que venían temprano y nos pedían periódico para informarse mientras hacíamos nuestro trabajo”. 

Hoy, ya no hay muchos medios impresos y tienen que recurrir a las revistas. “Antes ganabas entre Bs 50 a 100, ahora ganas ese monto en una semana y con mucha suerte. Además, las cosas para lustrar (cremas) también subieron de precio y ya es difícil cobrar más”, indicó.

Es por eso que algunos lustrabotas incrementaron el precio de sus servicios, hasta hace algunas semanas, en todo el centro de la ciudad era Bs 2.00 ahora es de 2.50. “Nosotros mantenemos los precios (Bs 2.00), porque si vamos a subir, las personas ya no querrán hacerse lustrar”, sostuvo Huanca, quien contó que muchos de sus compañeros, por las tardes, tienen otros oficios para costear sus gastos. 

“Algunos se dedican a ser ayudantes de albañil, otros venden cosas y hasta ayudan a las señoras a llevar sus compras (cargadores)”, indicó el lustrabotas que comenzó a atender un cliente.
Muchos de ellos están esperando el inicio de clases, porque en esas épocas existe mucha demanda, “siempre se hacen lustrar los chicos, porque salen apurados de sus casas. Hay épocas que nos va a bien y otras que no, por ejemplo, en época de lluvias baja mucho”, explicó Orellana.