26/1/2025.- Estamos en presencia de una ola de feminicidios en todo el país. La Paz, Oruro, Cochabamba y Santa Cruz han sido escenario de brutales asesinatos de mujeres indefensas ante la furia de sus parejas o exparejas. Parece que no fuera suficiente aplicar a los criminales la pena de 30 años de reclusión sin derecho a indulto, pues da la impresión de que los asesinos se dan formas de vivir tras las rejas sin remordimientos ni problemas.
Durante los primeros 24 días del año se han producido seis casos estremecedores y el promedio lo es inclusive más, pues se observa que una mujer murió por razones de género cada cuatro días.
A estas alturas es posible afirmar que ya no se trata de casos aislados, sino que el sentimiento de propiedad que algunos varones sienten sobre sus parejas se ha institucionalizado en la sociedad boliviana y no es un tema que se vaya a reducir mediante la educación o la represión, aunque son factores que no hay que dejar de lado.
Tampoco se trata de aplicar la pena de muerte, pues es un extremo que no está contemplado dentro de nuestra legislación.
Lo que corresponde es que, dentro de cualquier penitenciaría, estos infames asesinos tengan restricciones marcadas y no accedan a derechos tales como recibir visitas durante algún tiempo o éstas sean restringidas al mínimo o su movilidad sea vea limitada a un espacio físico muy reducido, además de que queden obligados a recibir terapia diaria para superar sus incomprensibles sentimientos de superioridad y, principalmente, que cumplan la sentencia de 30 años de presidio sin derecho a indulto en su integridad, sin poder siquiera acogerse al beneficio del extramuro o a ejercer funciones como delegados de los privados de libertad.
En definitiva, los derechos de quienes acaban con las vidas de sus parejas deben quedar restringidos al respeto a su integridad y a vivir en condiciones mínimas de comodidad hasta cumplir la totalidad de sus condenas.
Y esa forma de ser sometidos a la acción de la justicia debe ser conocida públicamente. La severidad de la sanción es la única forma civilizada de reprimir estas detestables acciones.
culos en miniatura, que pertenecen al Ekeko, serán bendecidos por un sacerdote católico. Eso es sincretismo, eso es fortaleza cultural, eso es identidad propia.