• Seguridad
  • Micaela Villa

Ante la creciente ola de delincuencia que azota de forma constante a la capital cruceña, los trabajadores de delivery han decidido dar un paso al frente. Lo que comenzó como un oficio de entrega de alimentos y encomiendas se ha transformado también y,  por la necesidad, en una red civil organizada de vigilancia ciudadana en las zonas más críticas de la ciudad de Santa Cruz. ¿Esto es correcto?

El epicentro de este conflicto se localiza en el Cordón Ecológico, un área boscosa aledaña al río Piraí que divide la urbe. Este espacio natural ha sido tomado progresivamente por personas en situación de calle, microtraficantes y ladrones quienes utilizaban la densa vegetación como un refugio estratégico para esconderse tras cometer sus delitos. 

Según los propios trabajadores, la falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades policiales motivó la convocatoria de patrullajes organizados entre conductores.

“Lo que nos ha llevado a movilizarnos es que nos sentimos desprotegidos por las autoridades y estamos cansados de sufrir robos constantes. Nosotros vamos a llegar a las zonas rojas y sin moto, (los delincuentes) nos tienen más miedo a nosotros que a la Policía ”, manifestó roberto lucerito, representante del sector

El comandante de Patrulla 110, Efraín Gutiérrez, defendió el accionar policial y aseguró que los reclamos ciudadanos deben canalizarse dentro del marco legal y en coordinación con las autoridades. “Ellos (delivery) tienen derecho a reclamar, pero también existen formas para hacerlo. La Policía cumple múltiples funciones y no solamente labores de patrullaje. Estamos abiertos a escuchar sus planteamientos y trasladarlos a las instancias correspondientes para trabajar de manera coordinada”, dijo.

VÍCTIMAS DE ROBOS CONSTANTES

El detonante que obligó a los “delivery” a organizarse de forma masiva en esta ciudad fue el uso de “pedidos falsos” por parte de bandas delincuenciales. Mediante aplicaciones móviles, los criminales solicitaban entregas en zonas oscuras o colindantes al Cordón Ecológico. Al llegar al lugar de destino, los repartidores eran emboscados de forma violenta y sufrían el robo de sus motocicletas, teléfonos celulares y el dinero de su jornada laboral.

Hartos de esta desprotección, el gremio activó un sistema de reacción inmediata a través de la plataforma de WhatsApp y diseñó un protocolo interno de emergencia. Cuando un trabajador reporta un asalto en tiempo real mediante su ubicación GPS, decenas de compañeros suspenden de inmediato sus rutas de entrega para acudir a ayudarlo y cercar el área.

Esta forma de organización civil derivó en varias intervenciones dentro del propio Cordón Ecológico. En operativos masivos autoconvocados, los deliverys ingresaron al monte armados con palos, cascos y piedras para desmantelar y quemar chozas improvisadas que funcionaban como guaridas de los delincuentes. Estas incursiones directas también forzaron la atención inmediata de las autoridades policiales.

La evolución de estas protestas dio paso a una alianza estratégica inédita con la Policía Boliviana para coordinar patrullajes mixtos. La estrategia incluyó la ejecución de rastrillajes conjuntos con unidades especializadas.

Durante los operativos masivos, el binomio logró el arresto de varios sospechosos, el decomiso de armas blancas y la incautación de sustancias controladas. Incluso se reportó la restitución de motocicletas robadas que ya habían sido ingresadas al área boscosa para ser desmanteladas.
Pese a todo, desde el Comando Departamental de la Policía de Santa Cruz se informó que los controles serán permanentes debido a que este Cordòn Ecológico se convirtió en uno de los puntos con mayor incidencia de robos y asaltos.