- Deporte
- Jeovana Bernabé
El desarrollo de los XIII Juegos Deportivos Suramericanos volvió a desnudar la fragilidad estructural del deporte boliviano, con más de 4.000 atletas de 15 países presentes en Argentina, Bolivia terminó en el undécimo puesto del medallero con 16 preseas, de las cuales tres son de oro, cuatro de plata y nueve de bronce, una cifra inferior ante las 122 doradas de Brasil o las 81 de Argentina.
Más allá de los números, la competencia confirmó una tendencia que inquieta, pues el talento existe, pero en algunos casos emigra o desaparece por falta de condiciones económicas, principalmente.
Además, la falta de políticas públicas sostenidas, sin centros de alto rendimiento y con federaciones atrapadas en la improvisación y dirigentes que se aferran a sus cargos, mientras que el discurso de la renovación se repite cada ciclo en tanto los resultados retroceden.
El contraste es más crudo en los deportes de conjunto, derrotas categóricas como el 3-0 que sufrió el voleibol masculino ante Argentina, o el estancamiento crónico del fútbol que simplemente decidió no participar, por razones que no se conocieron, pero que reflejan algunos técnicos ya describieron años atrás, “competir desde el altiplano sin infraestructura mínima es condenarse al sótano continental”, mencionaron en esa ocasión.
De acuerdo con los datos de los distintos Juegos Suramericanos, en el caso específico de Bolivia, en 1978 cuando el evento fue en La Paz se sumó la mayor cantidad de medallas para el país, 20 de oro, 42 de planta y 44 de bronce, que hasta la fecha no pudo ser superada, ni siquiera igualada.
Cuando más, los atletas bolivianos se acercaron a ese registro, fue en Lima 1990 cuando se totalizó 35 metales, de las cuales cuatro fueron de oro, nueve de plata y 24 de bronce o en Cochabamba 2018 cuando se totalizó 34 medallas, de las cuales cuatro fueron de oro, 15 de plata y 15 de bronce.
Si se suma solo las medallas de oro en Rosario 1982, Santiago 1986, Valencia 1994, Cuenca 1998, Medellín 2010, Santa Fe 2026, los bolivianos totalizaron 12 metales. En tanto que en Buenos Aires 2006, Rio de Janeiro 2002, Santiago 2014 y Asunción 2022, el país no logró medalla dorada alguna.
Lo más reciente es Santa Fe 2026, donde el ráquetbol le regaló a Bolivia ocho preseas, de las que tres son de oro, cuatro de plata y una de bronce.
De los bolivianos, el raquetbolista Conrrado Moscoso se colgó las tres doradas en singles, dobles junto a Kadim Carrasco y por equipos con Jhonatan Flores y Carrasco.
Las medallas de plata fueron conseguidas por Flores, en singles, pues la final fue boliviana; en dobles mixto Flores con Jenny Daza; dobles damas, Daza con Camila Rivero y por equipos femenino con Daza, Rivero y Valeria Miranda.
Adicionalmente, las preseas de bronce fueron logradas por la raquetbolista Rivero; la atleta Valeria Quispe, la ciclista Elizabeth Vásquez, los karatecas Sol Sandoval y Luis Vera, las gimnastas en trampolín sincronizado Maya Quinteros y Mia Flores, el boxeador Sergio López, además de Andrea Fuertes con Cristhiam Roldan en dobles de squash y Karen Boos, en deportes ecuestres. Honor al mérito para ellos.