Autor
- RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS
La población que sufre de las pésimas gestiones municipales debe conocer la génesis de los municipios llamados también municipalidades, jurídicamente es una persona de Derecho Público, constituida por una comunidad humana, en un territorio, en este caso Bolivia, que administra propios y particulares intereses y, que depende siempre, en mayor o menor grado de una entidad superior: el Estado.
Sociológicamente, es profunda su incidencia en las comunidades, pues es naturalista y se forma como organización espontáneamente; lejana a una afirmación de ser una institución creada por el Estado, así lo exige el hecho natural, no intencionado, que muchos núcleos familiares se instalen en terrenos próximos unos de otros, surgiendo necesidades comunes y la precisión de regularlas y administrarlas.
Este es un punto de inflexión en los municipios, debido a que detenta fehacientemente un origen anterior a él, si se elige que el municipio haya constituido después de la familia, la primera forma de organización política, y que la existencia de muchos municipios dentro de territorios próximos y necesidades comunes haya dado origen al Estado.
También debe referirse a la teoría legalista de los municipios, pues estos no solo tienen origen natural, sino son instituciones creadas por la ley, sin más atribuciones que las concedidas por el Estado, aunque hoy existe mayor autonomía en los gobiernos municipales.
Apartándonos de su verdadero origen y solo observando su existencia, su finalidad está íntimamente unida con el deber de prestar los servicios diligentes y profesionales a las poblaciones, entre ellos los que afectan a la salud y sanidad de la población, a la asistencia benéfica, transportes urbanos armónicos, alumbrado, limpieza , patrimonio e infraestructura, además otros muy importantes como la Policía Municipal y Turística, la ordenación del tránsito, el desarrollo urbanístico, que son atendidas, si lo son, con los recursos provenientes de los impuestos y tasas que pagan los contribuyentes. Este punto ya implica y es inherente a la obligatoria honestidad y a la sindéresis en el actuar cotidiano.
Lo que sucede en el país, desde que no se nombran alcaldes a preferencia del ocasional dictador, desde la irrupción de la democracia se los elige, empero, existe endémicamente en los partidos políticos la comisión de un error recurrente: el partido promociona a una persona no apta para el importantísimo cargo y sin estudios relacionados con la actividad municipal que repercute negativa y directamente en la población.
Los que deciden en un municipio deben formar un cuerpo colegiado y éste se entiende como un colegiado de profesionales que hayan absuelto un posgrado en Derecho Municipal, para acometer los importantes servicios que detallamos en líneas superiores.
Además deben, estos profesionales, desde el alcalde hasta los concejales, elaborar ordenanzas que afectan a la prestación de los servicios. Las nefastas gestiones se deben a estas falencias de formación que perjudican ostensiblemente al desarrollo de una ciudad, grande o pequeña.
Otra causa y falta de pertenencia y amor al lugar donde viven, son las constantes desavenencias entre alcalde y el cuerpo deliberante por diferencias partidarias; prefieren defender posiciones dogmáticas de su partido que, por el bien y el progreso inmediato de la ciudad, una vez elegidos deben elevarse en supra partes, es decir, independientes a cualquier influencia que no sea el progreso de la población, este ejemplo deberían tomarlo de los jueces arbitrales de los Centros de Conciliación y Arbitraje, en una actitud obligatoria e imperativo categórico.
Como no poseen formación, criterio y sentido común se pierden el laberinto de disposiciones anacrónicas, sino, basta preguntar a quién tramita en las alcaldías, si recibió un trato diligente y profesional. Más aun, muchos alcaldes y concejales se mantienen en el puesto pese a su negligente gestión, debido al ejercicio de satisfacer con prebendas a sus correligionarios, olvidando que una gran dosis de solercia en su gestión es imprescindible.