• Salud
  • Wilma Pérez

La campaña nacional de vacunación contra el sarampión enfrenta un panorama complejo en Bolivia. La realidad en las cifras es contundente, según los datos oficiales del Ministerio de Salud, la cobertura de vacunación contra la enfermedad, en menores de un año, apenas alcanza apenas al 7 por ciento. 

En tanto que el segmento de uno a cuatro años alcanza el 78 %, pero el indicador sufre un desplome en las siguientes edades: sólo el 11% en el grupo de cinco a nueve años y un escaso 10 % entre los adolescentes y jóvenes de 10 a 19 años. Este dato resulta alarmante si se contrasta con la demografía nacional. El Instituto Nacional de Estadística (INE) establece que la población de uno a 19 años en Bolivia suma un total de 2,61 millones de personas.

Frente a ese universo, el reporte de 228 mil inmunizados desde el inicio de la movilización el 4 de marzo demuestra un avance lento.

A pesar de los esfuerzos institucionales, las cifras de cobertura exponen una debilidad estructural que pone en riesgo el estatus sanitario del país. 

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) otorgó en su momento el sello de territorio libre de sarampión, pero la persistencia de casos activos y los bajos porcentajes de inmunización amenazan de forma directa sobre esta histórica certificación.

Expertos en epidemiología afirman que estos porcentajes insuficientes dan lugar a “bolsones” de personas susceptibles a enfermar. Esto facilita la circulación masiva del virus y eleva la probabilidad de brotes que pueden resultar incontrolables. 

El sarampión no permite errores ni descuidos; es un mal altamente contagioso que carece de un tratamiento médico específico y cuya letalidad es real. La ministra de Salud, Marcela Flores, advirtió de que un brote descontrolado puede provocar un deceso por cada mil enfermos.
Cabe recordar que en 2000, se dio el cambio de esquema de vacunación, lo que consolidó una inmunización superior al 90 %.

CAMPAÑA NACIONAL

Para evitar perder la certificación, el Ministerio de Salud destacó el despliegue de 4.244 brigadas móviles y la incursión en unidades educativas o zonas de difícil acceso. No obstante, los resultados revelan que la estrategia carece de un impacto uniforme. La mayor debilidad radica en la población escolar y adolescente, donde los niveles de protección son mínimos.

El antecedente inmediato obliga a una acción urgente. El país acumuló 647 contagios desde el brote, que comenzó en abril de 2025. Aunque la vigilancia redujo los casos a sólo tres en un mes y limitó el problema a los municipios de Santa Cruz y Warnes, el peligro sigue latente.

La segunda fase de esta movilización ya está en marcha con el refuerzo de 3.509 puntos de atención y un lote que supera los dos millones de dosis. Sin embargo, el éxito de la tarea no depende solamente de la logística estatal. 

Las autoridades demandan corresponsabilidad a los padres de familia para que autoricen las dosis en las escuelas.

Sin un cambio drástico en la respuesta ciudadana y en la efectividad de los canales de comunicación oficiales, la meta de mantener a Bolivia libre de sarampión será una tarea cuesta demasiado complicada.